A propósito de lo ocurrido el 16 de noviembre


LO QUE SE CAE ES EL SISTEMA
Finalmente fue poco lo que cayó. Nos sorprendimos por el despliegue escénico en nuestra esquina. El foco de las cámaras apuntó a la biblioteca –que es tuya, mía, nuestra- pero no de aquellos/as temerosos/as a vivir libres y en comunión con sus pares- y los amigos y amigas no tardaron en llegar. Tampoco tardaron los chismes, de hecho, todo empezó así.

BARRACAS: SE CAYÓ EL BALCÓN DE UN EDIFICIO
Así titularon los medios de prensa una noticia que no llegó a serlo. Los periodistas se lamentaban de no encontrar ninguna declaración que hablase de muerte o inseguridad y maldecían perder la tarde del miércoles en tales circunstancias. Sólo una cámara de televisión se quedó a filmar el procedimiento de rutina dictado por el arquitecto Gustavo Motta que consistió en un “cateo preventivo de la fachada para asegurarse de que no hubiera riesgo alguno de desprendimientos sobre la vereda”, precisando que “las rajaduras que se observan desde el exterior no afectan a la estructura del edificio” y que tras inspeccionar el edificio señaló que “los ocupantes han realizado tareas de mantenimiento que mantienen sólida la edificación”, dejando en clara una realidad: si ésta fuese una casa abandonada, ya se hubiese caído.
Así, los muchachos de la Guardia de Auxilio de la Ciudad hicieron horas extras revisando qué piezas ornamentales de la fachada estaban sueltas y corrían riesgo de desprenderse y cuales no, algo que tal vez podría haber esperado a la mañana siguiente, después de todo la luz del día es mejor compañera para esas tareas y si pensamos, durante 107 años que tiene la casa no ha ocurrido tal accidente, pese a tales reflexiones, en éste mundo espectacular hay un dicho que se ha vuelto ley: el show debe continuar.

LOS LIBROS NO MUERDEN

…y los/as bibliotecarios/as tampoco, las puertas de la Biblioteca están abiertas para encontrar y compartir un buen libro, diferentes saberes y aprendizajes. Si tienes dudas, acércate, sin miedo. Y para ser claros y evitar malos entendidos:
No hubo ningún tipo de desprendimiento desde la fachada del edificio que acoge a la Biblioteca Los Libros de la Esquina, solo hubo una denuncia anónima surgida de la preocupación del estado de la fachada.
– Como consecuencia de ésta, el día miércoles 16 se realizó un operativo bastante vistoso y espectacular a cargo de la Guardia de Auxilio de la Ciudad, ente encargado de realizar la fiscalización de tales denuncias. El arquitecto a cargo del procedimiento, tras verificar que no había ocurrido ningún desprendimiento, procedió a revisar el interior del edificio y su estructura, declarando que quienes lo hemos recuperado nos hemos hecho cargo del mantenimiento de la estructura del edificio, sin que las grietas que se observan desde el exterior signifiquen algún tipo de riesgo pues el proceso de desplazamiento de la estructura se encuentra detenido.
– Entendemos que la denuncia -y posterior show- se dio dentro del contexto de “alarma” por el derrumbe de un edificio hace un par de semanas en el barrio de Congreso. Vale la pena recordar que ese accidente no tuvo que ver con el descuido de una fachada o el paso del tiempo sobre un edificio, sino que fue producto del egoísmo del mercado inmobiliario y quienes usufructúan de él, buscando rentabilizar lo más posible cada centímetro de tierra a expensas de nuestras vidas.
– En ese mismo sentido, los urbanistas y empresarios inmobiliarios proyectan la ciudad pensando en que Barracas y La Boca sean el “nuevo Palermo” y hacen proyectos como el “Grand Atrium Lobby” (que ocupará el lugar de la ex Fábrica de Alpargatas). No nos interesa hacer del barrio un museo de lo antiguo, pero sabemos que los cambios de las apariencias no deben ser el fundamento de nuestras vidas, los últimos 2 años hemos visto como una cara de nuestro barrio ha cambiado y pareciera que las veredas anchas nos separan en vez de acercarnos, y proyectos como estos solo generan marginación para muchos y efímeras ganancias para unos pocos; esa es la raíz de la burbuja inmobiliaria que envuelve a la actual crisis económica mundial.
– Finalmente, sabemos que el esfuerzo de mantener nuestro espacio en buenas condiciones no impide que alguna moldura se afloje de su lugar. Avenida Patricios cuando se construyeron las viviendas que aún sobreviven de principios del siglo XX – como la nuestra- no sufría el tránsito pesado que hoy hace vibrar el suelo cada vez que pasa un colectivo. Sabemos que algo más podemos hacer, las manos y los recursos materiales siempre escasean, pero confiamos en nuestro esfuerzo y en la acción solidaria y autónoma, libres de la manipulación de algún partido político o los intereses del Estado. Quien se quiera sumar a ésta propuesta, siempre será bienvenid@.

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